tu mensaje 

Cuando la cantante  llegó al teatro en el que iba a dar su recital, se lo encontró vacío. Su empresario le había jugado una mala partida, como venganza personal por supuestos agravios, y había suprimido el espectáculo sin informarle.

En consecuencia, nadie había acudido.

La cantante no se inmutó. A la hora exacta subió al escenario y se puso a cantar todo el programa ante el anfiteatro vacío. No tenía ante sí más que filas de sillas, pero cantó como si le aplaudieran miles de admiradores. Era su trabajo, y ella lo haría bien.

Admiro la profesionalizad de la artista. Sean los espectadores muchos o pocos, esté el teatro lleno o vacío: poco importa. El buen profesional trabaja porque es su tarea, su deber, su persona.

Mi trabajo no ha de quedar condicionado por el número de personas que me ven, me escuchan, me leen, de tal manera que yo me esfuerce al máximo si son muchos y me confíe y me descuide despreocupado si son pocos.

En ese caso yo soy mero juguete de la audiencia, y dejo que las cifras de asistencia manipulen mi actuación. Eso es indigno.

La verdadera actitud es el respeto a mí mismo, que me lleva a dar siempre lo mejor que sé y tengo, sea uno o sean muchos los que me escuchan.

Me estoy dando a mí mismo, y eso es lo único que cuenta.

Si son muchos los que vienen, bienvenidos, y sí son pocos, yo sigo siendo el mismo. No importa que el teatro está vacío. Seguiré cantando. La historia tiene un final feliz.

La voz de que la cantante estaba cantando se extendió rápida por la ciudad y el recital acabó con el teatro lleno.

PREOCUPATE POR LA CALIDAD DE TU MENSAJE, NO MIRES LA CANTIDAD O CALIDAD DE TU PÚBLICO.