dialogo enriquese Un estudiante universitario, de vacaciones en casa, blasonaba ante su familia de sus talentos matemáticos.

El padre le propuso unos cuantos problemas y el muchacho los resolvió en un santiamén. Añadiendo: todo se puede resolver matemáticamente.

¡Ah, sí?, continuó el padre, veamos esto. Si yo tengo un duro y tú tienes un duro y los intercambiamos, ¿cuánto dinero tendremos cada uno?. Un duro. Correcto, dijo el padre.

Pero siguiendo esa lógica, si yo tengo una idea y tú tienes una idea y las intercambiamos, ¿cómo es que terminamos teniendo dos ideas cada uno?. El diálogo enriquece más que tus matemáticas.