renacer

En el Reino de los Cielos, dice el Señor, ocurre a veces como le pasó a aquel hombre que, llegado el otoño y viendo que los árboles perdían sus hojas y que en su jardín ya no había flores, se desesperó y lloró amargamente.

La muerte era el único inquilino de la naturaleza según él, y la muerte se apoderó de su interior.

¡Pobre hombre! En su pesimismo no supo ver que bajo las hojas muertas de su jardín crecían sabrosas setas y no quiso reconocer que la apariencia helada del invierno no era más que fecundidad silenciosa que engendraría una nueva primavera.